IGLESIA  

La iglesia monasterial de Poio, que sustituyó a la iglesia medieval, está catalogada como un monumento interesante de la arquitectura de su época. Se inició en el siglo XVI y se terminó a principios del XVIII. Es de renacimiento puro, con elementos barrocos en las balaustradas del coro. Este último, sostenido por un amplio arco carpanel.. Causa impresión agradable la perfecta proporción de la altura y longitud de sus partes. El pavimento es cuadriculado hasta la línea del crucero en donde se yergue el púlpito; allí comenzaba el coro bajo de los monjes. Dicho cuadriculado corresponde a sepulturas públicas, iniciadas el 16 de julio de 1776. Llama la atención la gracia de los balconcillos de coro y corillos; la riqueza de molduras en el cornisamento y lo bien trabajado de la bóveda, especialmente la ornamentación de la bóveda del crucero. En su punto central destaca un excepcional florón en donde está labrada la fecha de 1708, año en que remataron las obras de edificación del templo. Diez arcadas sobre pilastras compuestas sostienen la techumbre del templo. Forman el cuerpo de la misma, la nave central y dos menores que llegan al crucero, sirviendo de contrafuerte de la primera. Los planos del templo se deben a Juan Ruiz de Pamames, mientras que las obras fueron inicialmente dirigidas por el maestro Mateo López, quien comenzó su trabajo por la Capilla Mayor en el año 1581. El pavimento de la iglesia, del año 1776, servía antiguamente para dar sepultura a los feligreses, de ahí que sus piedras estén numeradas y perfectamente cuadriculadas.

 

Llama la atención la gracia de los balconcillos de coro y corillos; la riqueza de molduras en el cornisamento y lo bien trabajado de la bóveda, especialmente la ornamentación de la bóveda del crucero. En su punto central destaca un excepcional florón en donde está labrada la fecha de 1708, año en que remataron las obras de edificación del templo. Diez arcadas sobre pilastras compuestas sostienen la techumbre del templo. Forman el cuerpo de la misma, la nave central y dos menores que llegan al crucero, sirviendo de contrafuerte de la primera. Los planos del templo se deben a Juan Ruiz de Pamames, mientras que las obras fueron inicialmente dirigidas por el maestro Mateo López, quien comenzó su trabajo por la Capilla Mayor en el año 1581. El pavimento de la iglesia, del año 1776, servía antiguamente para dar sepultura a los feligreses, de ahí que sus piedras estén numeradas y perfectamente cuadriculadas.

 

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