FACHADAS DE LA IGLESIA

Y DEL MONASTERIO

La iglesia actual del Monasterio de San Juan de Poio arquitectónicamente refleja el gusto por la conjunción de formas clásicas y barrocas. Trabajada en piedra de noble sillería, la fachada de la Iglesia, del S. XVII, se caracteriza por su esbeltez y airosa estructura que ofrece un conjunto clásico, esbelto y airoso, con tres cuerpos. Está flanqueada por dos elegantes torres barrocas y dividida en dos cuerpos, el primero dórico y el segundo corintio, con columnas pareadas y frontón entrecortado. Destaca la abundante filigrana ornamental en los entablamentos, en el contorno de las puertas y en las hornacinas, donde se ven, en los vanos de las columnas, las imágenes de los apóstoles Santiago y Andrés y, en el centro, bajo una ventana rectangular, la de San Juan Bautista, a quién está dedicada. Tiene también una ventana rectangular sobre la que resalta el escudo de España con el toisón de oro.
La fachada del Monasterio, severa y hermética, hace ángulo recto con el frontis del templo y se extiende a todo lo largo del campillo en el ala sur. Es de traza sencilla, recordando su disposición la forma típica del pazo o casona gallega, o quizás su aspecto sea de convento, de castillo o de fortaleza. Limitan su extensión dos torreones que se elevan en los extremos, y en sus tramos balcones sobre salientes y robustos apoyos, enmarcados por pares de ventanas sin recuadros, pero con tornalluvias. La portada es sencilla. Jambas aboceladas con recuadro enmarcado por listeles y saliente imposta, en función de tornalluvias, en la parte superior. Encima una hornacina con la imagen de San Benito, a su derecha el escudo del monasterio: castillos y leones, la palma de Santa Trahamunda y el cordero de San Juan, titular de la abadía, y a la izquierda el escudo de la congregación de Valladolid. Como timbre, en los dos escudos, la corona ducal, el toisón de oro en el escudo del monasterio y la insignia de prior en el de la congregación. Sobre la hornacina y los escudos, un balcón, sin las ménsulas y apoyos que tienen los otros, dando a la sencilla portada el tono tradicional que tienen las portadas de otros monasterios.